Hay dos Noruegas, y ambas valen el viaje.
La del invierno: Tromsø y los Alpes de Lyngen, la caza de auroras boreales en grupo pequeño, los trineos de perros, los renos, el pescado recién salido de un agua a 4 grados. Te vistes como una cebolla, bajas el ritmo, miras el cielo.
Y la del verano: el sol de medianoche sobre las Lofoten, los fiordos en kayak, los pueblos de pescadores rojo falun posados sobre el agua.
Élyne viajó allí en pleno invierno ártico: itinerarios probados, contactos locales y consejos vividos.